verano 2010

Una canción barroca.
... en 1938 dirigió el polémico film"Los fanáticos nazis son superiores" (Nazi Supermen Are Our Superiors)*:
¡Abel Posse!
¿Quién? El designado Ministro de Educación del gobierno porteño:
"Muchos 'garantistas' pagaron su lujo humanista con los cadáveres humanísimos de ciudadanos honestos acribillados delante mismo de sus hijos o padres, mujeres violadas y decenas de policías que mueren sin afecto oficial ni el respeto debido a su profesión imprescindible y peligrosa", advirtió.
*vía

Una vez, Nat me contó de un documentalista alemán extraordinario que, entre otros documentales, había filmado la salida de un fábrica de la WV; logrando registrar una escena implacable de la vida de los obreros: el momento de salida del trabajo... esa imagen fue una de las primeras cintas del cinematógrafo. Tan llena de (auto)referencia estaba la industria. El mismo documentalista filmó también a los técnicos que diseñan el paisaje de los shoppings, los que deciden dónde ponen los carteles, las luces, las escaleras. No voy a decir que los shoppings me parecen siniestros, pero hay algo de vigilancia permanente en esos lugares que me incomoda.
Ese documentalista, Harún Farocki, reconocía a dos maestros que descubrí estos días:
Jean Marie Straub y Danièle Huillet. Una pareja de cineastas de orientación marxista que filmaron las obras más serias de la cultura alemana. No puedo decir mucho de estas películas y escenas. Comparto algunos momentos que vi durante un par de noches. Nada sabía de ellos dos. Ante estas escenas me sentí como si mirara canciones -son breves-, me acordé de muchas cosas, mi cabeza hacía asociaciones, imaginaba, andaba perdida...
Esta es la vida de Bach, según la relata Anna Magdalena Bach
La escena del comienzo, con la cadenza del 5to. concierto branderburgués.
Y Moses und Aron, de Schoenberg. En versión '60. Aarón canta, Moisés es dodecafónico y su técnica vocal es el sprechgesang. Hay mucho -mucho- alrededor de esta "ópera" sacra, en donde los sistemas (el tonal y el dodecafónico) representan una lucha entre lo que se puede decir y lo que no. “A los grandes judíos, no digo los pequeños, sino a los grandes, no tengo nada que enseñarles de cómo enfrentar a su Dios”, dice Lacán. Ufff, algo así...
(Como está filmada en los '60, algún comentario por ahí decía "parece El planeta de los simios").
Antígona, interpretada en música verbal alemana (Hölderlin y Brecht). El ritmo del habla, las inflexiones mínimas, demoledoras, la mirada al frente me resultan sensuales, hay una brisa exacta y una luz meridional (posterior de los sufrimientos de la noche).

Una campaña gráfica horrible, que hace de la tradición más terminada su motivo -dos valeti observando a la platea, a oscuras, detrás del tan mentado telón- anuncia la reapertura del Teatro Colón, para mayo del 2010. Todo volverá a ser como fue, parece prometer. Yo no me imaginaba qué podía ser el Colón sino un museo bastante nacionalista y terrible, un cadáver de los gestos que la burguesía agrícolo-ganadera perdió para siempre. Un bien cultural, cultural y no artístico. Nada más. O sí: un enorme presupuesto. Pero Diego Fischermann propone que podría haber sido otra cosa: un lugar asociado a la enseñanza, a la creación y las formaciones musical. No parece que vaya a ser así.
Semejate nave -siempre anduve por los pasillos superiores- es más o menos interesante. Tomarse una copa de vino en el entre acto (¡ah!, cómo se amontona la gente detrás de las copitas, les preguntaría qué piensan de los que van a recitales de rock, qué imagen tiene de eso; pero no hablo con extraños), caminar por el círculo oscuro que rodea las localidades, el rojo italiano de la sala, muy novelesco y decimonónico (esta palabreja que suena a nono y demonio), el sonido de la orquesta templando los instrumentos, sonidos que amenazan desmayarnos en el sueño de la representación...
¿Dónde más podría vivir un espíritu italiano que canta?
Vivimos en una época muy vaciada -pienso en los vaciados de yeso-, donde lo mejor que le puede pasar a algo es convertirse en "parque temático". Las iglesias -los edificios- no son, todavía, parques temáticos; pero la Iglesia tiene sus parques temáticos, y hay manifestaciones cristianas y sincréticas que ya son más parques temáticos que otra cosa.
Pienso en el Colón no porque me importe, sino porque me llama la atención ese lodazal que incluye gestualidad cadavérica, elitismo del peor, adoctrinamiento social y bella música: producciones que comparten fronteras e instituciones. Traficar entre esa fronteras, como manieristas concientes (Harmony Koraine, por ejemplo y ciertos barrocos, y también Miyasaki, Herzog...) es una posibilidad; tenemos de nuestro lado el derrame digital: un delta deforme de información, imágenes, datos y obras que, fuera de sus espacios consagrados, exigen pensar, imaginar, tal vez re-encantar.
Los anillos conurbanos son lugares de tráfico.
Las rutas, avenidas, autopistas, rotondas son trazados que imponen sobre el campo (La Pampa) líneas de circulación. Casi todo es tráfico por esas zonas. Así lo imaginaba la C-F, cuando narraba las catastróficas ciudades del futuro. Es una zona caliente, política, donde la gestualidad tiene que tratar con la acción; la vez pasada, en una clase charlaron acerca de Los Altos de La Paz, lugares así. Hay proyectos que quieren hacer subir a los pobres a las altas luces de la música culta. No tienen idea de lo que podrían causar. La regla no puede articular a la excepción.
*
La octava sinfonía de Mahler tiene mucho de nave y de naufragio. Necesita varias centenas de intérpretes, es una obra inmensa, tiene dos partes: una canta un himno medieval, la otra un fragmento de Fausto, de Goethe. ¿El eterno femenino, no es gestualidad cadavérica? El ideal de belleza quedó atrás, a espaldas del artista moderno. Como iluminación del Mundo mundial en el que vivimos, aquí va una versión en Tokio, dirigida por un director muy conocido del final de la Octava Sinfonía de Mahler, la llamada "Sinfonía de los Mil".
*
La ópera, la sinfonía, fueron la música de la burguesía.
Y eso no es más que un dato histórico, material. La nueva música fue un intento antes de la catástrofe. Ay, ¿qué poesía, qué canción, qué música se podrá hacer en los primeros kilómetros de los suburbios?

La luna guía a los peces, los lleva
de las aletas a la gran cadena
alimenticia. Pasa una vez
más por la calavera del caballo,
y por la ventanilla
del supermercado, brilla en regalos
de la cuaresma: príncipes y magos,
juega con el Jesús ojos de trigo,
las muñecas flaquitas, las varitas de magia
-ocultismo y decoración
de Paraguay (traídos
de la China). Una cortina de plástico
la hace fantasma, Ahora se deshace,
al resplandor de la luz fluorescente.
Para contar el dinero, una chica
fuerza los ojos.
Hay una forma exacta que une el zumbido de los
tubos a un pájaro nocturno, -un mal
presagio la distrae.
Música para pesadillas.
Música de pesadillas.
Música en pesadillas.
Música para pastillas.
Un ballet mecánico de 1927 (Francia), un fragmento de la terrible Wozzeck (estrenada en Berlín), cuando la sangre delata al soldado asesino, una escena con música popular vampirizada por Alban Berg (2000, USA). El rebote imaginario de la oscuridad expresionista en el rock stalinista de P. Rey, en los años '80 (Argentina).

Dice Fernanda:
Este sábado inauguro una muestra en Formosa (ex canasta) y estoy muy contenta...hace mucho que quiero hacerla, hace meses que la espero. Es de dibujos y escultura y no sé...Formosa es una muestra. Bueno...eso.
Me encantaría que vengan.

La partitura del Cuarteto para el fin de los tiempos, de Olivier Messiaen está acompañada de palabras que presentan y ofrecen una interpretación religiosa de la música. La obra del francés es una enciclopedia de elementos religiosos, literatura escatológica y ornitología, transformada, metaforizada, (re)interpretada. A pesar del espesor católico del texto, hay cierta apertura, cierta "anchura" que queda ver de dónde proviene (¿de la música?, ¿de la propuesta conceptual?). La cantidad de símbolos, caprichos, referencias, etc., que atraviezan la música de Messiaen es extensísima y apasionante. Entre lo más importante, cabe destacar la reflexión y consecuente mímesis acerca del ritmo (en la Antiguedad, ritmo y palabra componían la música y la poesía en un todo).
Comentarios de Messiaen a la partitura del Cuarteto, compuesto en otoño de 1940 en Stalag VIII A.

Uh, todo mal. Me peleé con un amigo. Y como quedamos en una situación de "coordinador-coordinado", todo se fue al diablo. Pocas veces me dijeron cosas tan feas.
:-(
Paso al post.
Una vez nombré en un espacio de críticos de arte, diletantes, microbloggers, marxistas (?), a Fauré. Ese día, algunos me abandonaron (me encantaría suponer que lo hicieron espantados por la mención de un compositor francés tan careta y burgués, y por esa idea loca escribo). También hice un chiste con una frase de Antolín (músico, artísta plástico), y a continuación escribí: "el XIX fue mejor". Antolín publicaba unas cosas en su fotolog, que era medio emo, sufriente y muy triste, con ilustraciones de Fiedrich, tocadas digitalmente.
(Friedrich POPularizó la imagen del romanticismo alemán que conectaba perfectamente con su mito. El devenir sangriento del mismo... bué, ¡qué irritante son las fotos de Heidegger como un aldeano bávaro!)
Como la galería Apettite, Antolín pertenece a las esquirlas de Belleza y Felicidad de Fernanda Laguna. No digo esquirlas en un sentido despectivo, me parece que Fernanda dejó una especie de ritornello verdadero en el aire, un espacio que superó cualquier galería de arte que hubiera habido en los '90 y para acá.
Yo dije "Fauré", pero no porque piense que en el paisaje de Lugano (o las orillas conurbanas) se deba oir a Fauré (¡por Dios, no!, por otro lado: ¿qué hay que enseñar?), sino porque que sus sonidos -como dice Cage: los sonidos-, por ejemplo, los melódicos, podrían experimentar otras condición de existencia en esos paisajes. Hay que arrancar al impresionismo de las cadenas de la clase, de los gestos vacíos y colocarlos en otra parte. Infantes que ejecutan las acciones que desolados adultos les piden (Flute - Dominique Kim (12) Piano - Valerie Kim (9)): Eso es un mundo perverso.
Más allá del gesto snob, lo que quiero es distribuir esos sonidos de mi imaginario en la experiencia. Trazar bosques en el parquizado.
Muy pocas veces escucho el disco con canciones de Fauré que tengo, y cuando lo escucho, oigo muchas otras cosas: cierta resonancia metálica en la voz de uno de los cantantes, los bajos se hacen un bajo retumbante y contínuo en el piso, y el ataque del piano es, en general, monótono y apagado.
¿Esa escucha es menos cierta que la de alguien que oye ese disco con máxima fidelidad (la máxima fiel es la muerte)? El que asiste a una sala de conciertos, tiene otra suerte. ¿pero, para qué necesitamos salas de conciertos que pasen esta música?
El efecto Fauré es el intento de recolocar algunos sonidos, algunas huellas, porque -como tan bien dice Daniel Link- se están muriendo las personas (las generaciones y con ellas, la época) que tienen vivencias del siglo XIX. Y luego, morirán las personas para las cuales el XIX fue un destello de la memoría, y no quedarán más que monumentos, edificios, obras artísticas, pero la experiencia que ellas transmitan serán otras (como con el siglo XVIII para el XIX). Y el XIX habrá muerto. No será el Colón, sino el Hyatt (XX). Cuando se apague la luz de aquel siglo, las modulaciones, las canciones sensuales pasarán (¡sea!), pero yo quiero el fantasma encantador de algunas armonías y sus reverberancias en el desierto del siglo.
Yo me iré de mi infancia ¿con qué?: con la escalada del barril de petróleo, con la mística peronista del '70, con un mundo devastado y en retirada, el Estado de Bienestar, Berlín (imaginario, conjurado en los juegos infantiles), alguna calle de tierra, el paso de un pueblo (Adrogué) a conurbano, un barrio gitano, un maestro de dibujo chino...
Mi relación con la música clásica es confrontativa: me asusta (posee símbolos de mí que apenas puedo intuir) y se la discuto. No acordamos en nada, pero es mi radar, me guía. Tal vez entendieron un gesto snob, no sé. Me abandonaron un crítico de arte y otro, que no me acuerdo quién era. Y un (amigo, o lo qué sea ahora) moralista.

I- Silencio ayer
Estuve leyendo un texto (¡'travé!) de las impresionantes obras musicológicas del marxista de derecha, elitista, oscurísimo escribiente, ya absolutamente fuera de época, hincha bolas, culpable de los males del arte de las vanguardias de los '50, el pelado botón que nos atoró el huesito dulce de la cultura popular, mientras trabajaba para la Rockefeller... "Dificultades"...
En "Dificultades", un texto del '65 que empieza con la referencia a un texto de Bertolt Brecht ("Cinco dificultades para escribir la verdad"), hace la pregunta que ya abría y tal vez organizaba (D. Link) la anti-ópera Ascención y caída de la Ciudad de Mahagonny: ¿Cómo seguir?
Adorno repasa toda la producción modernista, desde los años del atonalismo libre hasta las experiencias de aquel tiempo en música "culta": fluxus, la electrónica, Boulez, Stockhausen, y el azar de Cage.
Cuando habla de la Segunda Escuela de Viena, utiliza adjetivos como "alerta", "heróica", adjetivos que denotan valentía, claro, porque lo que Schoenberg abrió no fue cosas del arte meramente agradable, sino que liberó la conciencia del mundo. La obra del vienés destrozaba (aunque él pensara que salvaba la tradición) la cultura musical ideológica , o bien, al menos la transparentaba: para que en su interior se revelaran los mecanismos de dominación, mercantilización y cosificación de la humanidad que sostenía (ya no, ¿no?) la cultura de masas, también la mercachifle "música clásica" de los teatros de ópera del mundo, el aparato administrativo.
Pero, el repaso de los avances de la nueva música en "Dificultades" es desencantado, el camino estuvo hecho, finalmente, de aporías, solipsismo técnico, oscuridades alienadas.
A la pregunta "¿Cómo seguir?", orientada a la composición de música (alerta, modernista, nueva), Adorno ensaya algunas respuestas:
Se me ha venido a la mente una frase de Christian Dietrich Grabbe: "Pues nada más que la desesperación puede salvarnos".
Uno debe por tanto, sin metáforas y sin el consuelo de que así no se puede seguir, encarar la posibilidad del enmudecimiento.
Quizás sólo sea todavía posible una (música) que se mida por ese extremo, por el propio enmudecimiento.
En la segunda parte, del año '66 (y ya que este es un año beatle -otro más-: en el 1966 se publicaba Revolver, disco que -acorde con el espíritu de esa época innovadora (¿sigue siendo "esa época", todavía?)- tenía una canción muy bonita llamada "Tomorrow never knows"; la desconfianza de Adorno hacia la juventud es, en estos textos, conmovedora), trata de responder a por qué la nueva música no es aceptada por el gran público. Habla de falta de fantasía, del poder mundial de la mercantilización en donde la tonalidad es una especie de inconciente colectivo (¡eh!), y asocia la idea de la nueva música a un idioma cuyo fenómeno principal es el desastre colectivo, y sus producciones (lo que ese idioma dice) es: asco ante lo banal, una apertura universal (lo abierto: no vínculos estéticos, que son mentira porque todas las relaciones humanas se han vuelto mentira, sino una hendidura como la que promete una mandíbula salvaje) y animal: a la nueva música "los colmillos le son esenciales".
Para ilustrar esta entrada, busqué algo de Webern, y encontré esta divertidísima promoción de un disco con 187 HITS DE LA SEGUNDA ESCUELA DE VIENA, que parodia el estilo de vida (y escucha) burgués de los animalitos de la nueva música, aunque aquí es el terrorífico dodecafonismo (naporquería!):
Zwölftonwerbung - Twelve tone commercial
II -Silencio hoy
A veces, cuando voy a trabajar en una aula con alumnxs del secundario, preparamos el espacio y les pedimos que corran los bancos y armen un círculo (para charlar, pasar libros...).
Algunxs dicen "uh, hippies"; es cierto (no lo de los hippies), leen una intención posible (no sé por qué, me acuerdo del tarado que les gritaba a los del centro de estudiantes el otro día en la clase de estética: ¡esto no es una democracia, y la profesora no puede levantar la clase porque está obligada a darme clase a mí!!!"). Lo hacemos porque así hay un espacio de circulación de la palabra más redondo, y la geometría se ajusta a la intención.
Cuando le pedís a un grupo de adolescentes en una escuela secundaria que corra los bancos, sucede unos segundos de un sonido maravilloso: un chirrido que pasa de banco en banco, que se arrastra, sube y baja de alturas, recorre como una melodía de timbres cada espacio de las aulas (tan poco acústicas, pero en ese momento ideales para la cacofonía del caos), siempre diferente, que también lo compone la alegría de ellxs que, al correr las sillas, las mesas, realizan una pequeña destrucción.
Ese sonido único, vivo y violento me gusta más cuando va a terminar y vuelve un silencio gordo y dulce y diferente. Expectante, fragil silencio, que llegó a través de una conjunción de elementos hechos para sentarse y estudiar. Siempre, el sonido del tránsito vuelve por lo que es suyo. Así suena el silencio de mis días en las escuelas.
Lean (escuchen) qué palabras, las de Cage.
Viví muchos años en el conurbano. Las cosas me parecían misteriosas y nuevas, entonces (las ferias, los árboles, las carnicerías). Ahora, que soy extranjero de la infancia, hay una música divina mas o menos callada, que quisiera hacer sonar. Hay un silencio maduro en melodías barrocas o lieder o canciones, en los ritmos más extraños y desforados (esas catedrales de pajaritos de Messiaen).
Mientras, mi hijo hermoso, sacude la cabeza (¡no, no, no!) y busca el mouse para apagar el reproductor: que ponga otra cosa.
... palabras misteriosas,
parecidas al vino consagrado,
que ha madurado durante el verano
en medio de las tormentas de dios,
hoy envejecidas, pero antaño potentes,
calmaban mis penas y mis dudas.
Pero todo seguía siendo un misterio para mí.
(Hölderlin, "Genio de paz, a quien nadie creyó...")
Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
El serialismo es una comunidad. Pero extraña. "A quién le importa lo que yo haga", se opuso a las formas y las maneras de la escucha.
Jan GrŽinic
Tito Arrua
Diego Carballar
Los autores leerán poemas de sus libros en la noche del jueves 03 de septiembre, en la Casa de Altos Estudios Pachamama, Argañaraz 22 (Estado de Israel y Pringles). Un encuentro para compartir la celebración de la poesía y de su difusión, en libro y a viva voz, con sus lectoras y amigas. Habrá bebidas y espirituosas.
Invita y edita: no hay vergüenza ediciones
En la cruz rala, donde a la ruta
le tuerce el cuello,
hay un pony encerado
pa que la foto
palazo y casa
noche y paliza
comida y vivienda
los ojazos del caballo tenían
calesita y cerco
le tocó mala
en la cruz rala.
¡Pobre pony descocido, a la vera
de su cuerpito
embalsamado!
Vamos a bailar el fin de semana.
(y en la FLI(A), un Misiones en nohayverguenzaediciones, el puesto)

¡Oh, niñas locas!, sin ninguna luz
en la noche, tropiezan van llorando,
nada las guía en esa calle presa
-tiene la calma de refinerías,
bosques alucinados de los doques-,
envuelta por la vía de las clínicas
grandes, las comisarías, los trenes.
Esas chicas parecen las batallas
de la sombra en la torre de petróleo,
un ciprés nace del alto horno y quema
el carbón de los ojos-fantasmitas:
y el cielo permanece tan oscuro
como si un descampado de la selva
fuera, o un galpón abandonado, último
edificio del mundo, no hay Dios.

Hay días (¡qué suerte!) preciosos, más felices, la forma de la vida es espléndida. Nos encontramos con alguna porción de la verdad, del sentido y el bien, un abrazo o una historia.
Ya sabés que me conmueven las historias rusas, las novelas del siglo xix, las poesías del siglo xx y xxi, porque nos parecemos en el borde del mundo, somos como rusxs.
Esa esplendidez puede venir del dolor, de muy lejos, sin parecer que te habla a vos.
Una noche encontramos alguien que hizo del mundo un lugar necesario. un poeta ruso, del que nada sabía, que viajaba de moscú a los suburbios en tren, bebía y bebía, con amigos. y escribió, ¿qué vas a hacer con las nubes y los cables y la gigantesca urss encima tuyo?, sino viajar en trenes de mierda.
"Y desde entonces no he recuperado la conciencia, y nunca lo haré".
Vimos un documental que no podía encontrar y hoy di con esta primera escena (erofeev estaba operado de un cancer de garganta):
http://www.youtube.com/watch?v=riOB29p1DqY
cuando para hablar necesita ponerse ese aparato. la voz es una cosa muy extraña.
"Yo no sabía que había un dolor que se da en el mundo."
Venedikt Erofeev
tomaba una mezcla de alcohol, con perfume y otra cosa. no soy un ruso, soy algo parecido.
cuando habló al final el director del documental, dijo que debería haber aprovechado al poeta y no hablar tanto del alcohol en rusia. y, sí... la tierra es triste y necesaria.
Hay una luna enorme detrás del edificio
que parece inmóvil, pero ¿es lento
el cielo? ¡No! Es un rayo, ya pasaron 4
días de Semana Santa. La luna
devoró sus distancias, y mañana en la radio
habrá malos pronósticos. Dos días
en los que las religiones hicieron sus paces.
Vimos una banda de predicadores -Bad Seeds
pero pobres, en un Volkswagen (auto
del pueblo), celeste modelo ’71.
De trajes grises y negros,
camisas blancas, cantaron a Dios
en el parque, nos parecían una película
de los Kaurismaki, medio ebrios de amor santo.
Había una chica joven
en la ronda, con pollera negra y musculosa
violeta oscura, los hombros muy lindos.
Tenían instrumentos viejos por los que algunos
psicoroqueros pagarían buena
plata, parches de cuero, batería
chiquita, un sonido de guitarra que sonaba
a la misa del judío
Leonard Berstein, o al disco Mondo Cane
de Mike Patton: música de otra parte.
Una noche leí poesía en el abasto
con un pibe de europa oriental
(europa del este: para dormirme,
a veces pienso que viajo por una
estepa de la europa central, ¡ja!,
aunque sé que hoy las chicas más jóvenes y lindas
de la pornografía
mundial son rusitas muy flacas, de ojos
transparentes como las tractoristas
soviéticas de los sueños
de Castelnuovo). Él tocaba el acordeón, era
delicado y gordo, tomaba vino,
y yo: cerveza. Él cantaba
lindo, estaba aprendiendo a bailar salsa.
Hablaba de los paisajes, y yo leía “me
obsesiona la superficie la siesta, de esas
jovencitas profundas
y frágiles..”, atrás de mí, por una ventana
que daba a la cocina
entraba mucho ruïdo -yo estaba
afónico, pero tengo un vozarrón, y una
chica sentada al lado
del novio se tapaba la oreja
cuando yo leía: “las tres deben desmayarse
del calor que hace”, y refunfuñaba.
Esas canciones eran citadas, como el cuerpo
lindísimo de la hardcore-
pentecostal era citado en la eléctrica
moral de su congregación, de manos
levantadas, hechas radares místicos,
que le ponían el pecho
a las ondas divinas
de Dios, y esa chica de pelo lacio
y largo y negro, manos bien arriba
al asalto de un cariño velado.
Ella escucha una frase musical
que tiene un sabor blanco: una amiga
tiene más o menos la misma forma,
la misma contextura que la frase:
es fuerte y dulce y la sostiene, mientras
las cosas cambian
de lugar. Hay violencia
en todas partes.
La sala del hospital le parece
Islandia: luces
fluorescentes y los vestidos de ambos
celestes, son
ríos o nubes
de un continente
“de esta sala, de mí.
Abro y cierro los ojos, son un brisa helada,
aunque sus instrumentos
navegan en la piel,
son mapas de mis impulsos vitales”.
Una de las "tretas" del Lacan tiene que ver con la puntuación. El texto de nuestras vidas dice lo que el silencio -y en consecuencia-, su ritmo señalan.
Recuerdo una clase en donde leíamos el Libro de Buen Amor, y una justificada lectura lacaniana del pasaje de la disputa entre griegos y romanos (o la teología y el pelear callejero), que acaba:
De todos los instrumentos, yo, libro soy pariente;
bien o mal, como lo toquéis, yo diré ciertamente;
en lo que te interese, con sosiego detente;
si me sabes pulsar, siempre me tendrás en la mente.
Ahora, así pulso (puntúo) el verso "bailar no es como decir con esta risa", así:
bailar no es como decir, con esta risa.
Y -pensando en la lírica y su relación con la voluntad y la música-, copio:
... un rasgo sentimental de la naturaleza, como si ésta hubiera de solllozar por su despedazamiento en individuos.
(Nietzsche)